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Revista de diseño textil, telar artesanal y cultura de autor
Reportaje de proceso
Calendario práctico de recolección y resultados de color según la época del año
El teñido natural no empieza en la olla, empieza en el calendario. La corteza de quebracho se junta mejor cuando el árbol suelta capa tras la temporada de lluvias, y las hojas de eucalipto cambian de comportamiento según el mes: en verano, con más sol acumulado, el baño tira hacia un dorado cálido; en invierno el mismo material da un verde apagado, casi grisáceo. No es un defecto del proceso, es la planta diciendo en qué momento del año fue recolectada.
La cáscara de cebolla es la excepción que muchas teñidoras de CABA y La Plata guardan como respaldo: se consigue todo el año en verdulerías y mercados, y permite repetir un naranja parecido sin depender de la estación. La cochinilla, en cambio, exige más cuidado con el mordiente para no virar hacia un rosa demasiado frío. Cada material pide su propio tiempo de inmersión y su propia paciencia.
Hay un problema práctico que aparece seguido en la ciudad: el agua con mucho cloro tiñe de forma despareja, con manchas que no se corrigen después. Reposar el agua un día entero o filtrarla antes de armar el baño cambia bastante el resultado. Vale la pena probar con una muestra chica antes de comprometer una partida entera de lana.
Con el tiempo, una prenda teñida con tintes naturales pierde intensidad en los codos, los puños y las zonas de roce. Conviene lavarla con agua fría y jabón neutro, y evitar el sol directo al secarla. Si el desgaste ya dejó el hilo a la vista, la reparación se hace con hilo del mismo tono antes de que el agujero crezca.