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Revista de diseño textil, telar artesanal y cultura de autor
Reportaje de proceso
Un recorrido por las etapas previas al hilado y las decisiones que definen la textura final
Antes de que una lana llegue al telar, pasa por un proceso que casi nunca se documenta con detalle. En talleres pequeños del AMBA, el lavado se hace en tandas cortas y con agua a temperatura controlada, porque un golpe de calor de más fieltra la fibra y arruina el trabajo de meses. La lanolina que trae el vellón se va soltando de a poco, y ese ritmo lo decide quien lava, no el reloj.
El cardado viene después. Ahí se separan las fibras y se define si el hilado va a salir más aireado o más compacto. No es un paso mecánico: la mano de quien carda deja marcas que se notan recién en el ovillo terminado. Este reportaje recorre cada etapa con observaciones de hilanderas que trabajan con vellones de oveja criolla y merino, y señala los errores más comunes al secar la lana en patios húmedos.
Se nota en los nudos que aparecen al estirar el mechón y en la resistencia despareja cuando la mano tira. Una fibra bien cardada cede parejo; una mal cardada se corta de golpe o deja grumos que después obligan a cortar el hilo. Vale la pena revisar el vellón antes de empezar a hilar, no después.
La lana resultante tiene una caída distinta según cómo se haya trabajado: más liviana si el cardado fue suelto, más firme si se peinó en exceso. Esa decisión no se corrige en el telar.